miércoles, 11 de agosto de 2010

Florencia

Hoy hubo tarde de guitarras en mi casa con los míos, de esas tardes salvadoras que me hacen estar feliz durante la semana porque me recuerdan que tengo mucho porque sonreír.

Vaya que maravilla es para mi poder explorar toda una vida a través de una canción (...), a través de los sonidos que te da un
rasgeo y es que admito que soy de esas soñadoras que se compran el mundo cuando agarro a la flo (mi guitarra, que pucha que amo!). Esta tarde me recordó la vida en corrientes y una que otra película que vi por ahí, y claro está esta es una de mis grandes maravillas. Aunque no soy la más erudita ni la más experta cuando de acordes se trata, mi gusto por las melodías va mas allá de mis imaginables nocturnos y de clases inmemorables que nunca terminè.

Aprendí a tocar hace dos años, cuando mi papá
vio a la Flo en una tienda porteña, yo estaba entrando a la U y siempre quise tener una, pero sabía que la espera tenía que encontrar su momento... así fue como llegó a mi vida; lenta como una mañana dominguera pero rápida en mis quereres suspireños. Cuando la vi en mi casa casi se me salió el corazón, y mi grillo de conciencia estaba más feliz que nunca; entonces empecé este camino y se que aunque me falta mucho aún por recorrer sola o con mis maestros, estoy completamente enamorada del desafío.

Lo importante de todo esto y que quería compartir con el mundo, o conmigo misma para leerlo y recordarlo, es que siempre que se tiene algo por que soñar es interesante intentarlo, es
gratificante y alentador (y se que probablemente todos saben eso, aunque no muchos lo apliquen) pero no está demás leerlo denuevo cuando ya tienes todas las cartas echadas.

La
flo me seguirá recordando mis viejos imaginarios, los cantares nocturnos, mi trova querida, un mundo mejor, mis días en corrientas y pucha que es lindo todo eso...

No hay comentarios:

Publicar un comentario